Termitas y ratas en el cuartel de la Guardia Civil de Galapagar

AUGC pidió sin éxito ayuda al Ayuntamiento y a la Comandancia de Madrid. Cuatro agentes se han dado de baja psicológica

Una plaga de ratas y termitas lleva casi dos años devorando la casa cuartel de la Guardia Civil de Galapagar. La situación está afectando al 90% de las viviendas de los agentes -14 de 16 adosados-, y, con ello, a sus familias. El problema ha adquirido tal dimensión que cuatro agentes se han dado de baja psicológica para el servicio por no poder soportar la presencia de los desagradables insectos.

El alcance de la plaga afecta gravemente a los marcos de las puertas y las ventanas, de madera, que están carcomidos y podridos. Los isópteros abren oquedades en las paredes y los agentes pueden verlos moverse a sus anchas.

Desde AUGC Madrid llevan meses denunciando esta «deplorable e insostenible situación de insalubridad». De nada ha servido que los agentes del puesto principal hayan dado traslado del problema por escrito en dos ocasiones, por los cauces reglamentarios, a los responsables del Instituto Armado. Nadie les ha atendido ni se ha resuelto nada.

“Inacción de los mandos”

Ante la «inacción por parte de los mandos», según AUGC, un grupo de esposas y parejas de los agentes que habitan en los pabellones acudió el pasado julio al Ayuntamiento de Galapagar para denunciar a la corporación municipal el estado de las instalaciones. Tampoco hizo nada el Consistorio que se comprometió a tomar cartas en el asunto si no lo hacía la Guardia Civil, según AUGC.

Si dentro del puesto no se ha dado solución a la plaga de termitas y ratas, tampoco ha venido desde instancias superiores.

Desde la Comandancia de Madrid de la Guardia Civil se indicó el pasado mes de mayo que se había pedido un presupuesto para resolver el problema. «Nos dijeron que eran necesarios 30.000 euros para acabar con la plaga pero seis meses después de manifestar este compromiso, persiste la falta de recursos», añade AUGC.

Como solución provisional se han instalado unas trampas en los restos de los marcos, que proyectan una solución en un horizonte de cinco años. Además, están colocadas en las estructuras afectadas, imposibilitando que éstas se remplacen por otras de distinto material, como podría ser PVC.

El resultado es que las corrientes de aire y el frío se filtran desde el exterior, obligando a los agentes a incrementar el gasto energético para contrarrestar las bajas temperaturas.

El comienzo de la plaga de termitas se remonta a 2013, cuando por parte del personal afectado se remitió un escrito a la Primera Compañía de Villalba y esta, a su vez, lo envió a la Comandancia de Tres Cantos, con un reportaje fotográfico incluido. Sin embargo, el documento no fue trasladado a la oficina de riesgos laborales, por lo que no se realizó evaluación de la situación, cuya gravedad se ha acentuado con el tiempo, según AUGC.

 

 

 

http://www.elmundo.es/madrid/2015/11/30/565b89dce2704edf0b8b45fd.html